La voz de los Profesores

2013-04-20 11.46.39     Llevamos décadas en que nuestro sistema educacional está sometido a  un modelo basado  en la competencia, la eficiencia y la eficacia. El que nos ha impuesto un lenguaje que no es el nuestro, el de las escuelas, los estudiantes y  los profesores, los que “hacemos” una gran parte de la tarea de formar a nuestras nuevas generaciones,  y como sabemos, el lenguaje crea realidades  además, si el lenguaje está sustentado por toda una estructura creada en torno a estos conceptos, esta es la realidad que se nos ha impuesto, pero aún más  grave, es que la replicamos en todo nuestro hacer.

En el mundo educativo sabemos que los conceptos de competencia, eficiencia y eficacia pueden tener símiles, pero también sabemos que no son aplicables estrictamente apegados a su origen. La educación es un derecho social,  no  una mercancía que se compra y vende, los estudiantes y sus padres son sujetos de derecho,  no clientes y los profesores no somos ni técnicos que aplican fórmulas para producir productos que deben ser medidos en su calidad ni “colaboradores” sino comunidades de profesionales con experiencia y conocimiento propio.

En educación las cosas son diferentes al modelo en el que, por décadas nos tienen prisioneros.

Por lo tanto, como en tantas otras cosas de la vida, podemos intentar utilizar lo que pueda ser un aporte para mejorar lo que hacemos, y tal vez algo nos sirva, pero necesariamente debemos terminar o transformar con todo aquello que nos está coartando la posibilidad de hacer lo que realmente debemos y queremos hacer, educar a nuestros niños y jóvenes.

Parte de este modelo ha sido que a los profesores nos han quitado la voz y la posibilidad de tener un rol activo sobre nuestro quehacer.

Son otros los “expertos” que hablan y deciden por nosotros, que tienen la palabra y la tribuna para opinar, analizar y decidir finalmente lo que se hace en educación. Son economistas, ingenieros, en fin estudiosos del tema, pero no los que conocen la escuela por dentro y viven el sistema educacional día a día.

Ocurrieron hechos en nuestro país que contribuyeron a que eso ocurriera. No hay que olvidarlo. No es  banal que  en la década del 80 la formación de los profesores dejara de estar en manos de las universidades y se transformara en una preparación técnica, tampoco que se acabara con las organizaciones gremiales, eso por nombrar algunos dos hitos que han marcado el devenir de la profesión docente durante muchos años y que nos ha costado varias generaciones de profesores revertir.

Esos son hechos y constataciones que afectaron el curso de la historia, pero eso que no justifican que hoy los profesores, sus organizaciones y sus instituciones formadoras no recuperen aún el rol protagónico que les corresponde.

No justifica que aún no recuperemos la voz y la hagamos sentir. No justifica que no discutamos los temas que son nuestros, que  propongamos salidas, que  opinemos y que también decidamos.

Eso pasa por una decisión y un esfuerzo que no es menor. Pasa porque de verdad los profesores decidamos a  estudiar para hacer un mejor trabajo,  por organizarnos por temas más allá de las necesidades económicas y por participar con propuestas informadas. Pasa por las decisiones individuales de desarrollar nuestro trabajo comprometidos con cada uno de nuestros estudiantes y su futuro, a pesar de las condiciones del contexto y de las situaciones particulares de cada establecimiento, pasa por evaluar cuánto nos hace felices nuestro trabajo y cuán responsables nos sentimos por todos los estudiantes.

Y también pasa por decidir si estamos dispuestos o no a hacer que los estudiantes puedan ejercer su derecho a educarse, a aprender.

Es esperanzador ver a las nuevas generaciones que se preparan para ejercer la docencia, a todos esos muchachos y muchachas que se interesan de verdad por estudiar para SER profesores, y contribuir desde ese espacio a construir una sociedad diferente.

Es esperanzador pero también preocupa.

Los que llevamos ya largo tiempo en este sistema, en las escuelas y  liceos, debemos cuidar de estas nuevas generaciones de profesores y no cortar las alas con las que quieren volar, no  coartar sus impulsos de cambio e innovaciones, con nuestras desesperanzas y frustraciones.

En las universidades debemos asumir  nuestra responsabilidad de formadores de formadores y trabajar para que nuestras instituciones estén a la altura de las necesidades de los futuros profesores y de los estudiantes que vendrán a las escuelas en algunos años más.

Las organizaciones gremiales también deben preocuparse por el desarrollo de sus afiliados, por generar espacios para tener opinión frente a temas de fondo en la educación y hacer de la organización un espacio para el encuentro, el aprendizaje y la opinión.

Debemos acompañar a los futuros y nuevos profesores en su crecimiento profesional e impulsarlos para recuperar lo que nos ha sido arrebatado, la voz y el protagonismo en la educación de nuestro país.

Los profesionales de la educación debemos desempeñar el rol, para el que nos hemos preparado y nos corresponde en la sociedad pero con lo  que eso significa, preparación permanente, responsabilidad con nuestra tarea y compromiso con los niños y jóvenes que esperan de nosotros lo mejor.

Hay muchos profesores y profesoras en el país que día a día trabajan y se preparan para ello, lo que falta es que se les reconozca, que se les permita ocupar sus tribunas y que hablen por sí mismos, sin “expertos” que hablen por ellos.

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